jueves, 3 de enero de 2013

"CURTIDOS EN MIL BATALLAS: LA VIDA CONTINÚA" por Manuel Ozáez para BAILÉN AL DÍA




Nuestros gritos, lamentos y oraciones por la pertinaz sequía los dirigíamos a un cielo demasiado claro, excesivamente intenso que no amenazaba lluvias, que presagiaba un nuevo ciclo de escasez de agua que sumar a la maltrecha economía de nuestro pueblo, enfrentados a la realidad más que probable de ser los últimos en engancharnos a una recuperación ansiada que no divisamos todavía en la lejanía. Nuestras súplicas y oraciones se tornaron en excesivas, tal vez nunca debiéramos haber pedido al unísono con tanta vehemencia y ahínco, y ahora resulta que el agua nos ahoga, que los embalses desembalsan convulsivos, que los campos anegados sufren los estragos de la abundancia superlativa, y nunca más a cuento aquello de “nunca llueve a gusto de todos”, pues aún si haber iniciado apenas la recolección de la aceituna, ya se calculan los resultados desastrosos de la cosecha, la aceituna en el suelo perdida o enterrada, los suelos como charcas embaldosados, y un nuevo lamento que añadir al desatino.

No obstante, curtidos en mil batallas los bailenenses, sostenidas desde principios de los setenta -al menos que yo recuerde en mi diario imaginario- hasta este presente de pesadilla, nos hemos sobrepuesto a situaciones análogas en ocasiones, mejores y peores, según rece el rosario de cada cual en su propia vestimenta, e incluso a veces ilesos resultar fortalecidos cuando no admitíamos esperanza alguna. Por ello no nos asusta el incierto presente y menos aún la llamada del banquero exigiéndonos el pago del último recibo vencido de la hipoteca, o la letra del coche que si no pagamos nos ejecutarán en menos que canta un afónico gallo de opereta. Ya no nos asusta nada de lo que nos cuentan, pues peores batallas sostuvimos, reses más bravas eludimos y hete que aquí seguimos, enseñando la encarnada muleta ante los hocicos de una tétrica situación financiera, económica y política que, en ocasiones, nos enseña los cuernos de la escasez pero que no doblega nuestras costumbres ni nuestros ímpetus.


Tal vez no compartas esta opinión en su conjunto, no asumas el contenido, las formas o vaya usted a saber qué. O tan solo no suscribas el título en el todo o en la parte. Tal vez. Pero es mi obligación darte esperanzas, pues entiendes, o al menos eso espero, que eso es lo último que se pierde, dicen, aunque yo creo que lo último que extraviamos es la vergüenza, que algunos perdieron o perdimos en el largo recorrido de este desierto que es la propia vida y todas sus consecuencias, máxime cuando inexorablemente esta sigue latiendo.

Por Manuel Ozáez

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